Expolicía sufrió desplazamiento forzado y el asesinato de 5 familiares en Chihuahua

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Después que asesinaron a cinco miembros de su familia en Chínipas, Chihuahua el expolicía municipal Jesús Anastacio Miranda Martinié decidió huir del pueblo y refugiarse en Delicias.

Él y su familia fueron víctimas de desplazamiento forzado. Tuvieron que vivir bajo la amenaza constante del grupo criminal que los obligó a huir de su comunidad.

El 14 de noviembre de 2018, Jesús Anastacio, entonces de 39 años, aceptó compartir su testimonio reservando su identidad.

La motivación para aceptar contar su historia fue que un mes antes, el 6 de octubre, el grupo delictivo que domina en Chínipas había asesinado a su hermano, el profesor Antonio Miranda Martinié.

La causa de que lo mataran fue que don Antonio aceptó participar como candidato a síndico en la elección del 1 de julio de ese año con las siglas del PAN y Movimiento Ciudadano.

Los sicarios del pueblo habían mantenido el control político a través de la imposición de candidatos cobijados con las siglas del PRI. La decisión del profesor se tomó como una afrenta.

“De la familia ya nada más yo quedo”

Un año después, la Fiscalía informó que los asesinos materiales del docente habían sido detenidos y sentenciados, pero los autores intelectuales continuaron impunes.

– Está en peligro de muerte usted, se le planteó en la entrevista a Jesús Anastacio.

Moviendo constantemente las manos, respondió:

“Claro, ya de la familia nada más yo quedo. Ya me mataron algunos integrantes, cinco”.

Expolicía sufrió desplazamiento forzado y el asesinato de 5 familiares en Chihuahua
 Jesús Anastasio trabajando en una minera de Zacatecas. / Foto: Cortesía

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– ¿En qué lapso de tiempo le han matado cinco familiares?, se le cuestionó.

“Del 2016 a la fecha”, contestó.

– ¿Algún resultado de alguna investigación?, se le insistió.

“Nada. Y de las cinco personas que le estoy mentando, nada más a dos tuvimos la dicha de darles cristiana sepultura, a los otros, se los tragó la tierra”, contestó.

De acuerdo con el testimonio de Jesús Anastacio, entre 2012 y 2018 los criminales que operan en Chínipas habían dado cuenta de al menos 70 homicidios.

Decenas de familias desaparecieron o las obligaron al desplazamiento forzado, teniendo que dejar su patrimonio en manos del grupo delictivo.

“El crimen organizado es el que nos está comiendo, día tras día es el que nos está eliminando”, refirió.

Dijo que ellos -los criminales- quedan como propietarios del patrimonio que la gente ha hecho por años.

Cuando la gente se va del pueblo los delincuentes se apropian de sus casas, sus pertenencias, su maquinaria y su ganado.

“Quince, veinte, treinta, cincuenta años de patrimonio, de trabajar, para que quede en manos del crimen organizado”, lamentó. 

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El asesinato de Moisés Belderrain, rastro de impunidad

Recordó el caso del ganadero Moisés Belderrain Chávez, asesinado junto con sus ocho hijos, un yerno, un nieto y su esposa en noviembre de 2012.

“Moisés Belderrain Chávez, un señor agricultor, se puede decir que este señor era un ejemplo en el pueblo. Era un señor cero vicios. Con él no había vicios, no era una gente prepotente”.

“Era un señor de 68 años, agricultor, ganadero toda su vida. Lo asesinaron junto con sus ocho hijos, nieto, y otro que estaba casado; o sea, vienen siendo 10 de la familia”, rememoró.

El crimen de la familia Belderrain cimbró al pueblo, pero fue apenas el inicio de una masacre mayor.

Él y su familia fueron víctimas de desplazamiento forzado.
Jesús Anastacio (izq.) cuando era policía municipal en Urique. / Foto: Cortesía

¿Y las autoridades qué han hecho en todo este tiempo?, se le volvió a cuestionar.

“Allá no existen autoridades, señor. Allá la autoridad es él. Es esa persona nada más. Allá la autoridad no… allá no cuenta la autoridad”, fue su respuesta.

Un asesinato anunciado

Jesús Antonio sabía que estaba en peligro de muerte y por eso no podía estar mucho tiempo en un solo lugar.

Aunque hasta hace unos días trabajaba como agente de seguridad en una empresa minera de Zacatecas, su lugar de residencia era Delicias.

Tenía experiencia en seguridad porque había sido policía municipal en Urique.

Dadas las circunstancias, ni él ni su familia tenían posibilidad de volver a Chínipas.

“No puedo pasar más de dos tres meses en un solo lugar. Tengo que estar brincando de un lado a otro y no es vida para mí. Y yo, ya cayendo en sí, me doy cuenta que si hablo o no hablo de todas maneras voy a tener el mismo destino que ha tenido mi familia, mis paisanos, mucha gente inocente, hasta mujeres”, indicó.

Ese destino lo alcanzó en la madrugada del pasado sábado 8 de mayo, cuando un sicario lo asesinó de seis balazos en la entrada de su casa, en el municipio de Delicias.

Este texto es original del Norte Digital con quien Conspiracción tiene un acuerdo para publicarlo.

AE