La represión no requiere un decreto presidencial

La agenda mediática desde campaña la impone el presidente Andrés Manuel López Obrador. Por más que los medios de comunicación intenten posicionar otros temas de la vida política o económica nacional, inevitablemente regresamos, todos los días a lo que dice el presidente de México que muchos sectores consideran, sigue en campaña al igual que Donald Trump en Estados Unidos.

En las mañaneras, como se les conoce comúnmente a las conferencias matutinas del  Jefe del Ejecutivo, un solo pronunciamiento, una frase o un chiste de AMLO se hace viral en minutos en las “benditas redes sociales” y poco muy poco después, nos llegan en los chats de Whatsapp, creando una conversación universal.  

Adicional a este fenómeno de la comunicación moderna, a través de diferentes mecanismos el presidente ha evitado que sus detractores desde medios de comunicación, políticos, empresarios o actores de la sociedad civil organizada, seamos hostigados, criticados o en el peor de los casos perseguidos, logrando infundir temor a manifestar por cualquier medio nuestro punto de vista a lo que el mandatario ha pronunciado.

¿Cómo ha logrado eso?:

  1. Manteniendo una jauría de seguidores que fueron seleccionados desde la campaña  para atacar sistemáticamente a través de medios sociales a todo aquél que estén en contra del entonces candidato y hoy presidente.
  2. Creando una serie de blogs que no siguen ninguna regla periodística pero que han podido posicionarse en el segmento más grande de la población: los millennials.
  3. Señalando funcionarios como inmorales por trabajar en empresas privadas. Este camino lo empezó con todos los expresidentes – excepto EPN – provocando así que muchos de los funcionarios públicos se separen del cargo o  han dejado de aparecer en público o en redes sociales por miedo a ser perseguidos.
  4. Señalando empresas. Si el presidente dice que son corruptas, aún sin pruebas, lo son. ¿Quién va a querer hacer una campaña de marketing o de relaciones públicas si los va a poner en evidencia sin razón?.  
  5. Señalando personas, estrategias y empresas que durante la campaña estuvieron en su contra: Como la “Operación Berlín”.
  6. Señalando a los actores políticos y empresariales que no están de acuerdo con su forma de gobernar.
  7. Dejando que se propague el pánico social: las huelgas y manifestaciones en Tamaulipas, pudieron haberse evitado con una buena política de previsión social.   

A todo  esto hay que sumarle una nueva campaña de desprestigio, que no la tiene que señalar el propio presidente desde Palacio Nacional,  solo dejarla correr: EL #MeToo

Esta campaña encomiable en cualquier otro momento, lo que hace es fomentar el divisionismo entre mujeres y hombres para posteriormente aumentar los señalamientos negativos entre ellos, entre quienes trabajan en empresas, entre clientes, actores, cantantes, publicistas, escritores o hasta proveedores.

Esta guerra digital sin control hace también que se pulvericen los sectores, evita que quieran volver, siquiera, a salir a la luz pública con un mínimo tuit o posteo.

La represión no requiere un decreto presidencial, un cambio a la constitución o una ley, con acciones que infundan miedo al hablar, son suficientes. ¿Necesitamos más pruebas?

Compartir

Share on whatsapp
WhatsApp
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Noticias relacionadas