Manifestación: entre libertad de expresión y las limitaciones al derecho

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En México, como en todo el mundo, son cada vez más comunes las expresiones masivas de demandas y manifestaciones, a través de mítines, marchas, plantones y bloqueos, principalmente; aunque cada urbe tiene un contexto distinto, por lo que el tipo de protesta también cambia.

El propósito de toda manifestación es mostrar que una parte significativa de la población está a favor o en contra de una determinada política, persona, ley, acción, etcétera; y su éxito es considerado, dependiendo de cuánta gente participa y cuan planeada y organizada esté. 

Aunque en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no encontramos un artículo que cite el derecho a manifestarse públicamente, hay dos derechos humanos expresos en la Carta Magna en los que está incluido éste y son su fundamento: el artículo 6o, que expresa que uno de estos derechos humanos es el derecho a la libertad de expresión en el que se encuentra la manifestación de las ideas, y el 9o, referente al  derecho de reunión.

El propósito de toda manifestación es mostrar que una parte significativa de la población está a favor o en contra de una determinada política, persona, ley, acción, etc.
El propósito de toda manifestación es mostrar que una parte significativa de la población está a favor o en contra de una determinada política, persona, ley, acción, etc.

“No se puede analizar las protestas sociales sin partir de una premisa fundamental: constituye una piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática, pues es indispensable para la formación de la opinión pública y es una condición para que quienes desean incidir sobre la conectividad y las políticas públicas  puedan desarrollarse plenamente”, apunta Joaquín Mejía Rivera en el libro “Diez cuestiones actuales sobre derechos humanos”.

La libertad de expresión es un principio que apoya la libertad de un individuo o un colectivo de articular sus opiniones e ideas sin temor a represalias, censura o sanción posterior, y que se reconoce como un derecho humano en virtud del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) que establece:

“Toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, este derecho incluye la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir y difundir información e ideas a través de cualquier medio de comunicación e independientemente de las fronteras”.

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Article 19 – organización independiente y apartidista que promueve y defiende el avance progresivo de los derechos de libertad de expresión y acceso a la información de todas las personas–  considera importante tener presente que es derecho de todo ciudadano manifestarse y documentar lo que sucede, sin necesidad de contar con una acreditación de un medio de comunicación, y la autoridad no puede impedir que grabes o tomes fotografías, o exigir que le entregues tu cámara, celular o tarjeta de memoria.

Aunque ver las manifestaciones públicas son reflejo de un país libre, en donde temas de coyuntura y/o trascendencia se discuten y existe un interés social, este derecho no es absoluto, es decir, no puede concebirse sin limitaciones, como agresiones, violencia y actos fuera de la ley, para garantizar la seguridad de todos los involucrado, coinciden especialistas.

“Es cierto que se tiene el derecho a manifestarse públicamente, pero también es cierto que el ejercicio de este derecho debe realizarse en armonía con nuestra vida en sociedad. El derecho a la manifestación pública no puede perturbar el desarrollo normal de nuestra vida diaria. Ningún derecho está previsto de esa manera. En ningún momento la Constitución reconoció que el derecho a la manifestación pública pueda pasar por encima del correcto desarrollo de nuestra vida diaria”, afirma Edgar Corzo Sosa, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Así, con sus limitaciones, el derecho de libertad de expresión es uno de los más importantes fundamentos de toda la estructura democrática de una nación, por lo que requiere de atención que refleje la tolerancia de las autoridades frente a las manifestaciones pacíficas, aun cuando el uso de los espacios públicos para las mismas cause molestias en la vida cotidiana y los derechos de otras personas.

“Aunque genere incomodidad, manifestarse y protestar pacíficamente es hacer democracia en la vida pública e implica ejercer colectivamente el derecho a la libertad de expresión y a los demás derechos civiles y políticos que vigorizan la ciudadanía”,  agrega Mejía Rivera.

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