Lo nuestro sólo fue una amistad

Una serie de correos electrónicos escritos con familiaridad y enviados y/o respondidos por el exdirector general de Pemex, Emilio Lozoya Austin, a directivos de Odebrecht, forman parte de las pruebas que tiene la Fiscalía de Brasil contra funcionarios y exfuncionarios de la empresa productiva mexicana.

El escándalo Odebrecht es probablemente el mejor ejemplo a escala global de las gravísimas consecuencias políticas y sociales que una trama internacional muy bien organizada de sobornos a jefes de Estado y gobierno puede causar.

Las investigaciones por Odebrecht se llevan a cabo en casi una veintena de países del continente. El caso se desató en Brasil después de que se encontró que la constructora habría dado millones de dólares en sobornos a Petrobras a cambio de hacerse con contratos. El director ejecutivo de la constructora, Marcelo Odebrecht, se encuentra detenido y junto con otros directivos ha hecho declaraciones a las autoridades a cambio de una delación, o sentencia reducida. De estas declaraciones han surgido los casos en otros países.

En México, en cambio, tanto la SFP como la Procuraduría General de la República parecen no tener prisa alguna en empezar a esclarecer los señalamientos en contra de Lozoya, como no la han tenido en el caso de la abultada corrupción que puede sospecharse fundadamente en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, a raíz del socavón.

En ambos casos y en muchos otros, la tranquilidad de las instituciones obligadas a investigar los posibles desvíos de fondos públicos causa un grave daño a la credibilidad gubernamental en su conjunto.

 

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