El Vaticano encubrió al pederasta Marcial Maciel durante 63 años

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Salió a la luz que el Vaticano encubrió por 63 años los actos de pederastia cometidos por el mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

El cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada denunció que el Vaticano disponía de documentos  sobre los abusos sexuales contra mujeres y menores de edad cometidos por Maciel desde 1943. “Quien lo tapó era una mafia, ellos no eran Iglesia”, recalcó en una comparecencia pública.

 

El prefecto señaló al papa emérito Joseph Ratzinger como uno de los principales protectores de Marcial Maciel, quien tras una denuncia en 1977 fue invitado a retirarse a la vida privada.

También indicó que las denuncias de abuso sexual podrían ir en aumento ya que desde 1959 se inició con las investigaciones en contra del fundador de  los Legionarios de Cristo, pero no prosperaron.

El sacerdote mexicano Marcial Maciel  nació en 1920 y en 1941 fundó la orden Legionarios de Cristo. El clérigo mexicano siempre contó con el apoyo del papa Juan Pablo II, quien lo consideraba  un “guía eficaz” de la juventud.

 

Los Legionarios de Cristo era la congregación más conservadora y una de las más poderosas en el seno de la Iglesia católica, logró transmitir una imagen pública impecable, mientras en el Vaticano se acumulaban las denuncias de sus numerosas víctimas, sumadas a las de varias mujeres que aseguraban tener hijos suyos.

El sacerdote Marcial Maciel, amigo de varios papas y el mayor depredador sexual en la historia reciente de la Iglesia.

En 2006, pocos meses después de la muerte de su antecesor Juan Pablo II, el papa Benedicto XVI,  invitó a Maciel a retirarse a México para el resto de su vida, para que se dedicara “a la penitencia y la oración”. Una comisión de investigación ya había desvelado por entonces todas sus actividades delictivas, previamente toleradas por el Vaticano, mediante informes que acreditaban los episodios de pederastia, delitos relacionados con robos y hasta abuso de substancias narcóticas como la morfina. El fundador de los Legionarios de Cristo murió dos años después, sin pedir perdón.

En 2006 el medio español, EL PAÍS publicó que el fundador legionario había sido investigado entre octubre de 1956 y febrero de 1959 por órdenes del cardenal  Alfredo Ottaviani, entonces el gran inquisidor romano. Maciel estudió en la Universidad Pontificia de Comillas, con sede en Cantabria, de donde fue expulsado con alguno de sus compañeros sin que los jesuitas tomaran medidas adicionales. La inspección del Vaticano la supervisó el claretiano vasco y futuro cardenal Arcadio Larraona. Durante ese tiempo, Maciel fue suspendido como superior general, y expulsado de Roma. Larraona envió a sus inspectores al seminario de Ontaneda, entre otros centros. No se resolvió nada y el pederasta volvió a las andadas, pero con más poder.

En 1999 tampoco el cardenal polaco, Joseph Ratzinger le dio solución, pese a las evidencias depositadas sobre su mesa de presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Santo Oficio de la Inquisición del pasado.

“Esperaban a que Dios les sacara del atolladero con la muerte de Juan Pablo II o la del acusado”, dijo en 1999 Alejandro Espinosa, una de sus víctimas y denunciante, que tuvo la desgracia de ser presa predilecta del fundador legionario en el frío caserón del seminario de Ontaneda (Cantabria).

Lo que parecía increíble era que Marcial Maciel Degollado iba para santo hasta que varios de los seminaristas de los que abusó se unieron para clamar desesperadamente ante el Vaticano.

Apenas una semana antes de que Ratzinger notificara la apertura de una investigación, el célebre fundador festejó sus 60 años de sacerdocio en un acto al que asistieron el Papa y su secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano.

Protegido por el entonces ministro de Asuntos Exteriores del dictador Francisco Franco, el democristiano Alberto Martín Artajo, Maciel llegó a España a finales de los años 40 del siglo pasado para extender su fundación. Venía avalado por el papa Pío XII, que lo recibió en 1941, nada más fundar, con apenas 21 años, los Legionarios de Cristo y el Regnum Christi, inicialmente con el nombre de Misioneros del Sagrado Corazón y la Virgen de los Dolores.

En 2010, el cardenal arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Ricardo Blázquez fue uno de los cinco inspectores encargados por Benedicto XVI de depurar la organización, en la que hicieron carrera otros pederastas junto a Maciel. Algunas de las víctimas creyeron entonces que el Papa eliminaría a los Legionarios tal como funcionaban entonces. Así lo declaró a EL PAÍS el sacerdote Félix Alarcón, ex dirigente legionario en varios países, él mismo víctima de abusos cuando era niño. “El Vaticano recibió 240 documentos que evidenciaban que la situación se conocía mucho antes de que se reconociese que se conocía. Nuestra denuncia es del año 1988, y mientras Ratzinger estuvo de cardenal, se pasaban “la bolita” unos a otros, sin tomar ninguna medida. Creo que la Legión tal como la entendíamos debería ser eliminada”, declaró en su casa de Madrid.

 

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