AMLO: Pobreza no es bancarrota, ¿O cómo era?

Sí, pero no. En lo que parece una “cura en salud”, al comienzo de esta semana el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, dijo que recibirá un país en bancarrota y, ante eso, prevé que no podrá cumplir todas las demandas de la población, aunque sí se propone cumplir todo lo que ofreció en campaña.

Como ocurre en todo lo que hace y declara AMLO, pronto la frase se volvió polémica. La comentocracia –otro término muy usado en estos días– interpretó, por una parte, que era la manera de “aterrizar a la realidad”, “lavarse las manos”, “disminuir las expectativas” hacia su gobierno, mientras que para otros significó que López Obrador, al fin, se dio cuenta de que no hay dinero suficiente para hacer la cuarta parte de lo que prometió.

En una de esas, la declaración realizada el domingo y citada toda la semana dio por inaugurado el sexenio amlista: la hacienda pública no alcanza para tanto.

En redes sociales se advirtió sobre un discurso contradictorio del presidente electo respecto a las finanzas del país. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público remitió a las palabras de su titular, José Antonio González Anaya, quien la semana pasada aseguró que México tiene finanzas públicas sanas.

Pero el revire mayor vino de la iniciativa privada. Juan Pablo Castañón, Presidente del Consejo Coordinador Empresarial, reconoció que el país tiene retos muy grandes pero no está en bancarrota e incluso se puede crecer a un ritmo de 4% con la política pública adecuada.

Un juego de palabras que crea confusión, incertidumbre y desinformación, pero toma otra dimensión cuando se trata de Andrés Manuel López Obrador, el personaje político más seguido por los medios y la sociedad en los últimos meses, quién se refiere a nuestro contexto económico con un adjetivo tan extremo como bancarrota.

De acuerdo con Valeria Moy, directora del observatorio económico México ¿Cómo Vamos?, declararse en bancarrota es cuando una persona, empresa, o país anuncia que ya no puede pagar sus deudas.

Es de extrañar que AMLO se refiera a la situación actual como bancarrota, teniendo como referencia un contexto tan cercano el de 1982, cuando el entonces secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, anunció la suspensión de pagos a acreedores extranjeros, e inició una renegociación de la deuda con Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En ese momento sí se podía afirmar que México estaba en bancarrota.

Y aunque no se trata de escudriñar y llevar al límite cada palabra que AMLO emite, en esta ocasión creo que era importante usar las palabras apropiadas y evitar el caos mediático. Mariana Campos, experta en gasto público de México Evalúa explicó para un medio nacional que cuando un país se declara en bancarrota, “ sufre un castigo muy fuerte, porque préstamos que le den, estarán en una tasa altísima, por el riesgo de que no pagues. Después de 1982, a México le tomó más de una década poner en orden sus finanzas públicas y generar nueva credibilidad”.

El peso de ese tipo de declaraciones puede generar volatilidad en los mercados, pues recordemos que para los inversionistas, nacionales y extranjeros, la certidumbre es prioritaria para desarrollar proyectos que generen empleo y sumen a la economía del país. Afortunadamente, en esta ocasión, los comentarios del futuro presidente no provocaron reacciones negativas.  

Pero, a todo esto, ¿qué dijo AMLO al respecto? Pues declaró que lo habían sacado de contexto. No le gustó que salieran a corregirle y aseguró que lo dijo en sentido figurado: resulta que usó el término bancarrota para referirse a la pobreza del país.

“Sostengo que hay crisis en México y que hay mucha pobreza, mucho abandono, mucha inseguridad, mucha violencia, y que ha resultado un fracaso la política neoliberal y que la vamos a cambiar”, fueron las palabras del político, quien además cuestionó a la oposición de descontextualizar las cosas.

El tabasqueño dijo que hay personas que aún no terminar de digerir: “Lo que sucedió en la elección presidencial. Y la prensa fifí, pues están ahí atentos sacando de contexto las cosas, buscando las podridas”. Justificó su razonamiento explicando que utilizó el término “bancarrota” porque, luego de revisar los datos, encontró que México suma tres décadas sin crecer.

Díganle como quieran, la realidad es que las formas se vuelven fondo, y usar los términos adecuados debe ser una práctica continua de nuestro futuro presidente.

 

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